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jueves, 5 de julio de 2012

Sueldo mínimo: Amnesia y Extremismo político e ideológico


 "La propuesta que ha hecho el Gobierno (de 2,5% de reajuste al salario mínimo) desde ese punto de vista, busca cuidar ese aspecto, pero hacerlo al mismo tiempo que se preserva el poder adquisitivo de los trabajadores, incluso brevemente, pero se incrementa" (Carolina Tohá, vocera de gobierno de Michelle Bachelet, defendiendo el incremento del 2,5% propuesto el año 2009 al Congreso)

En época de la discusión del reajuste al salario mínimo, el cual aproximadamente el 11% de la fuerza laboral total del país percibe (730.000 personas aprox.)[1] Y, en medio de la discusión, que a esta altura, se hace permanente en la esfera social, empresarial y política, se hace necesario aclarar algunos puntos que tanto para empresarios como para el mundo político son  fundamentales a la hora de evaluar, proponer y/o criticar el ajuste propuesto.

El gobierno encabezado por Sebastián Piñera, por medio de su Ministro de Hacienda Felipe Larraín ha propuesto un ajuste que eleva en un 6% el sueldo mínimo, es decir, de los $182.000 actuales a los $193.000. Lo que, en términos prácticos, son $11.000 adicionales al mes (o $367 pesos de aumento por día de trabajo). Las razones para tal reajuste se apoyan en una inflación y aumento de la productividad acorde a dicho porcentaje (incluso el número exacto es menor, por lo que se reajustaría en un monto inferior, si se usara estrictamente este criterio) además de un incierto escenario externo, en el cual reina la volatilidad en los mercados, persiste la sombra de la crisis de deuda en Europa y el fantasma de desaceleración en países asiáticos, que empujan la economía mundial, por ejemplo, China. También existen otros fantasmas de deuda, empleo y crecimiento en EE.UU. que no permitirían potencialmente elevar más este salario por tener una consecuencia negativa en el empleo.

Las organizaciones sindicales que agrupan a los trabajadores abogan, con justa razón, que es un ajuste “miserable”, atendiendo las circunstancias financieras que vive el país actualmente (llámese un alto precio del cobre, crecimiento económico y auge del empleo) dejando de lado, claramente, el escenario internacional.

La Concertación, a su vez, se acopla a esta demanda social de ajuste al salario mínimo, adhiriéndose a la propuesta de los trabajadores que piden un reajuste del 34,5%, es decir, pasar de los actuales $182.000 a $250.000.

En este punto es cuando los recuerdos vienen a mi memoria y, visualizo cierto olvido de la Concertación respecto a los reajustes que proponía cuando estaban en el gobierno, mostrando, sobre todo en sus últimos dos gobiernos reajustes “pobres” en comparación a los que se exigen hoy en día. Para muestra, un botón: a continuación, en el Cuadro 1 se observan los ajustes nominales y reales del salario mínimo entre los años 1990 y 2011. El Cuadro 2 muestra, en términos de crecimiento anualizado, el aumento del salario mínimo en términos nominales y reales para cada periodo de gobierno en los mismos años anteriores.


Cuadro 1:
Monto salario mínimo anual. Inflación anual (variación medida en julio de cada año). 
Crecimiento real del salario
     Fuente: Elaboración propia con datos de la Biblioteca Nacional del Congreso

Tal como se puede observar en el cuadro 1, si bien existen reajustes nominales altos en la década del 90’ (44,4% y 26,9% en los años 1990 y 1991, respectivamente), también se tenía un escenario inflacionario incómodo, con tasas de crecimiento en los precios que iban desde el 24% (año 90’ y 91’) y luego sobre el 7% hasta el año 1997.

En cifras reales se puede visualizar que el mayor aumento se produjo en el año 1999 con un reajuste del 9,0% en el último año de gobierno de Eduardo Frei (periodo eleccionario) con una inflación del 3,4% y en plena crisis asiática. 7,5% en el año 98’ y 6,7% en el año 2000. (años de crisis económica, fundamentalmente).

A partir del año 2000 en adelante, el reajuste real del salario mínimo no superó el 3,5% (año 2009, último año de gobierno de Michelle Bachelet) y 3,2% en el año 2005 (último año de gobierno de Lagos) ¿alguna causalidad evidente?

Si desagregamos estas cifras por gobierno, se tiene lo siguiente:

Cuadro 2:
Reajustes del salario mínimo por gobierno.

                 Fuente: Elaboración propia

 

Aquí es bueno detenerse y verificar que si bien, se tienen incrementos del salario nominal evidentemente sobre el 6% promedio por gobierno de la Concertación, también tenemos que el incremento real de este salario alcanza casi el 8% en el gobierno de Patricio Aylwin; 4,9% en el gobierno de Eduardo Frei; 3,0% en el gobierno de Lagos y 2,3% en el gobierno de Michelle Bachelet. Así, una vez más, los números “en frío” engañan.

El aumento del salario mínimo en los últimos dos gobiernos de la Concertación, no superó el 3,0% real anualizado. Actualmente piden un incremento del 34,5% nominal (o 31,2% real) ¿Cómo se podría denominar esa actitud? ¿Populismo? ¿Aprovechamiento?

Así, se entrampa la discusión en montos que van en un rango “excesivamente conservador” (oficialismo) hasta un reajuste francamente populista de $250.000 (Concertación y trabajadores) Tanto el gobierno dando muestras de una inflexibilidad patente, argumentando que el desempleo prácticamente se podría disparar si se aumenta hacia los $200.000 esta cifra, como la Concertación pidiendo un aumento sencillamente exorbitante (alza de 34,5%), dan muestras de su creciente celo y revanchismo político donde los más afectados, nuevamente, son los que menos ingresos perciben mensualmente.

 
Conveniencia de posturas.

"En un año como este tenemos que ser especialmente cuidadosos en lo que se refiere al empleo, cuidar el trabajo, tomar las medidas de tal manera que sean lo más pro empleo posible"

"La propuesta que ha hecho el Gobierno (de 2,5% de reajuste) desde ese punto de vista busca cuidar ese aspecto, pero hacerlo al mismo tiempo que se preserva el poder adquisitivo de los trabajadores, incluso brevemente, pero se incrementa"

Estas palabras NO son de la autoría del actual Ministro de Hacienda Felipe Larraín.

Estas palabras pertenecen a la vocera del gobierno de Michelle Bachelet, Carolina Tohá en el año 2009, ante la discusión del reajuste del salario mínimo de la época. En esa ocasión se decía lo siguiente en el diario de Cooperativa:[2]
  • “Reajuste al salario mínimo ingresó con trámite de discusión inmediata al Congreso”
  • “El Gobierno defendió la propuesta de 2,5 por ciento de alza, considerándolo una protección al trabajo.”
  • "Tomar las medidas de tal manera que sean lo más pro empleo posible", pidió la vocera de Gobierno Carolina Tohá.
Sobran las palabras…


Si bien el actual reajuste del 6,0%, hasta los $193.000 puede considerarse como “miserable” (recordemos, $367 diarios de aumento, alcanza para un “Súper 8 maní” diario) también no se puede llegar al extremo de atemorizar a las personas argumentando que se perderá un gran número de empleos (sobre todo de personas con menores cualificaciones que perciben este nivel salarial) y que es por esa razón por la que no se puede o quiere aumentar más allá de ese porcentaje. Como tampoco se debe llegar al extremo de exigir un aumento hasta los $250.000, ya que es prácticamente impracticable, populista y muestra una de las peores caras de de la Concertación.

Parte de la solución a todos estos debates es crear una institucionalidad que fije los criterios con los que se determinará el salario mínimo, creando bases concretas de cálculo y dejando, en parte, de lado las negociaciones subjetivas que no hacen más que enlodar el panorama político y social. La reunión de un panel de expertos en conjunto con diversos actores empresariales y de los trabajadores con la finalidad de determinar las variables relevantes a la hora de definir este piso de salario, es fundamental y necesario para una sana discusión lejos de las ideologías y populismos.


[1] La encuesta Casen del año 2009 indica que el 75% de estos trabajadores ejerce como obrero en industrias del sector privado o se desempeñan en servicios domésticos.
[2] “Reajuste al salario mínimo ingresó con trámite de discusión inmediata al Congreso” Enlace: http://www.cooperativa.cl/reajuste-al-salario-minimo-ingreso-con-tramite-de-discusion-inmediata-al-congreso/prontus_nots/2009-06-16/133321.html. 16/06/2009

miércoles, 20 de junio de 2012

Los números no mienten... pero omiten.


En el momento en el cual empieza nuevamente la discusión sobre la fijación del salario mínimo. Ad portas de la votación para aprobar/rechazar un salario mínimo de $191.000, surge el debate nuevamente de cuánto sería un salario mínimo acorde a la situación del país y acorde a los trabajadores que perciben este salario.

Se estima que aproximadamente el 11% de la fuerza laboral total del país percibe un salario igual o menor al salario mínimo, es decir, unas 730.000 personas. La encuesta Casen del año 2009 indica que el 75% de estos trabajadores ejerce como obrero en industrias del sector privado o se desempeñan en servicios domésticos.

En una entrevista concedida a radio Universidad de Chile por el economista Joseph Ramos, indica que “el sueldo mínimo se concentra en personas de baja calificación productiva o de escasa experiencia. En el último caso me refiero a gente joven que ingresa al mercado del trabajo y que al carecer de experiencia tiene baja productividad. También, el salario mínimo tiende a presentarse en actividades como la agricultura, donde los requerimientos por mano de obra calificada son relativamente bajos”.

Según Andrés Zahler[1]: “El 10% de los chilenos tiene ingresos promedio que superan los de Noruega, mientras que los ingresos del 10% más pobre son similares a los de los habitantes Costa de Marfil. La gran mayoría tiene, en promedio, menos ingresos que los angoleños. Pese a que el PIB de Chile superó los 200.000 millones de dólares el año pasado, los niveles de desigualdad demuestran que no basta con el crecimiento para alcanzar el desarrollo.”

Y esa última frase es vital: "No basta el crecimiento para alcanzar el desarrollo". Es importante crecer y preocuparse por realizar lo mejor posible esa tarea, pero a la vez, existe una segunda tarea pendiente: la distribución de la riqueza que se genera.

Tal como exponen en sus múltiples conferencias tanto Franco Parisi[2] como Antonino Parisi[3] "el comunismo es experto en repartir pobreza. En cambio, el neoliberalismo es experto en la creación de riqueza, y no saber repartirla" (o no querer repartirla, nunca se sabe).

La cosa es simple, según el FMI, Chile en el año 2011 exhibe un PIB per cápita (PPP[4]) de US$16.172 (algo así como $8.086.000 anuales por persona o, $673.833 mensuales por persona) Un cálculo simple indica que en un hogar “promedio” compuesto por 4 personas, el ingreso debiera estar cerca de $24.258.000 al año, es decir, $2.021.000 mensuales. Acá es donde uno se da cuenta que algo no anda muy bien… O los números mienten… o están omitiendo información descaradamente. Así como vamos, Chile debiera superar los US$20.000 de PIB per cápita hacia el año 2016.

Si dejamos esa palabra tan sesgada de lado, “promedio” y, se desagrega la información por deciles, obtenemos un panorama bastante diferente que deja al descubierto la omisión premeditada que oculta una cifra enmascarada en un promedio.

El ingreso mensual per cápita por hogar se muestra en la figura[5] a continuación:



Es evidente la gran diferencia que existe entre deciles. El decil más pobre sobrevive (sí, sobrevive) en promedio con poco más de $15 mil pesos al mes por persona que compone el hogar (es decir, un hogar de 4 personas en promedio tendría $60 mil pesos mensualmente para pagar los gastos que implica vivir).
  • Aún más, se tiene que el 70% de la población cuenta con menos de $200 mil pesos mensuales por persona
  • El 90% de la población cuenta con menos de $400 mil por persona mensualmente para cubrir sus necesidades e intereses..
  • El 10% de la población con mayores ingresos a nivel nacional cuenta con casi $1.2 millones por persona, para los mismos fines. Es decir, 77 veces más ingreso per cápita que el decil más pobre.
Otros datos relevantes:
  • Los deciles de menores ingresos tienden a concentrarse en zonas rurales (en el primer decil casi el 25% de los hogares pertenecen a zonas rurales).
  • La escolaridad promedio de las personas que componen el primer decil es menor a nueve años (enseñanza básica completa). En cambio, las personas pertenecientes al 20% de la población con mayores ingresos poseen sobre los 12 años de escolaridad (enseñanza media completa y enseñanza superior completa o incompleta)
  • También se puede decir que los deciles más pobres tienden a tener más niños menores de 4 años, más mujeres y más discapacitados.
¿Está mal que los ricos sean ricos y los pobres sean pobres? ¿Es justo, injusto? ¿Es eso lo que se critica? Pues no. Es totalmente lógico que existan diferencias entre las personas. Las hay más o menos productivas, más o menos hábiles, más o menos inteligentes (intelectual y emocionalmente). Por tanto es natural que existan diferencias de salarios entre los trabajadores, ya sea por su productividad, oficio, profesión, nivel de estudios, campo laboral, poder de negociación, entre otros.

El punto es la extremadamente desigual distribución de la riqueza generada. ¿Cómo se determina cuan productivo es un trabajador?, ¿cómo se determinan los salarios acordes?, ¿quiénes ganan un 70% de la riqueza generada y quiénes ganan el 30%? ¿Por qué un 70-30? ¿Por qué no 60 y 40? ¿Quién lo determina? ¿Por qué los bancos, las isapres, las AFP, el retail y tantos otros sectores tienen exorbitantes utilidades y, a la vez, muchas veces sus empleados ganan un porcentaje mínimo, en conjunto, de esas utilidades? ¿El mercado lo dicta así? ¿Hay que colocar un mínimo de distribución de utilidades entre los trabajadores que han aportado su experiencia, habilidades y esfuerzo a generar esas ganancias?

Quizás no existan respuestas concretas. Es la misma sociedad a través de sus grupos de representación políticos y sociales, los llamados a determinar la metodología de ajuste de salarios óptima que refleje el real aporte de todos y cada uno de las personas empleadas en los diferentes ámbitos productivos a nivel país… Y, claro… una desigualdad de esa magnitud (puede ser justa o no) no es precisamente un caldo de cultivo o un círculo virtuoso que genere buenos elementos o condiciones óptimas a futuro para el desarrollo social y económico… es más bien una crónica de una crisis social anunciada. (dos dedos de frente).


[1] Economista, entrevista concedida a radio Universidad de Chile en Septiembre de 2011.
[2] Franco Parisi F. PhD. Rector IEDE, Director Escuela de Postgrado Universidad Andrés Bello
[3] Antonino Parisi F. PhD. Decano Facultad de Administración y Negocios - Decano Facultad de Ingeniería Universidad de las Américas.
[4] Purchase Parity Power (Paridad del Poder de Compra)
[5] Datos CASEN 2009